Ciudades y Estado verde en América Latina
Por Judith Domínguez
Un “nuevo contrato social” para América Latina. Una propuesta para pensar los nuevos rumbos de Latinoamérica, que sugiere nuevas líneas de investigación o, al menos, un enfoque revisitado de los que conocemos. En la crisis global que vivimos los problemas avanzan más rápido que las respuestas del Estado o la sociedad, y todos resultamos afectados, aunque unos más que otros.
Indudablemente nuestras instituciones requieren una revisión, la cuestión es quién hace estas propuestas, y cómo, ante el riesgo de radicalizar aún más los puntos de vista. En nuestra región, marcada por la extrema desigualdad, presenciamos la polarización de los agentes sociales, de la sociedad frente al Estado y frente a los actores privados, que llega inclusive a no reconocer las instituciones a través de las cuales se gobierna, cuestionando su legitimidad.
Tratándose de la crisis ambiental y climática, al Estado tiene una doble posición: es el ente legítimo para resolverla, pero, a la vez, se le imputa gran parte de la responsabilidad.
En el territorio se manifiestan las desigualdades de acceso a los recursos naturales, y hoy en día el agua es el ejemplo más evidente de esta situación. Por un control inadecuado del territorio, del uso del suelo y de la localización de las actividades económicas, las personas viven en zonas de riesgo, zonas con estrés hídrico, y es aquí donde se cuestiona el papel del Estado en su conjunto. ¿Cómo debe resolver las desigualdades y los impactos negativos en el ambiente, y gobernar de mejor manera estas realidades que se ven exacerbadas por el cambio climático?
Desde luego, el modelo vigente debe modificarse, y es lo que yo entiendo como un nuevo “Pacto social verde”, siguiendo la propuesta de Robyn Eckersley en The Green State: Rethinking Democracy and Sovereignty, a partir de la base de una gobernanza deliberativa en la arena pública que integre todas las voces, las preocupaciones. Sin embargo, preocupantemente, en el ámbito ambiental se observa una polarización: la sociedad que propone “nuevas instituciones” frente a las del Estado que se revelan insuficientes, y que pueden o no converger.
La urbanización es uno de los temas en los que hay que poner mayor atención. En Latinoamérica es uno de los fenómenos más vertiginosos: más del 80% de las personas viven en ciudades que demandan recursos naturales, impactan el entorno ambiental —disminuyendo los servicios ecosistémicos—, y son responsables en gran medida de las emisiones de CO2. Paradójicamente, es en las ciudades donde los impactos del cambio climático son más visibles e intensos. Pero las capacidades de gestión del territorio de las autoridades locales son limitadas frente a la incertidumbre que plantea la crisis global (sanitaria, hídrica, climática y económica). La ciudad industrial de Monterrey en México es un ejemplo, cercano al temido “día cero”, por la falta de agua. A todos se les redujo el acceso; sin embargo, es en la periferia donde los impactos son más severos, donde se constata un crecimiento urbano que no fue bien planificado, y que se extendió hacia zonas donde es difícil garantizar los servicios.
Fuente: https://www.fundacioncarolina.es/ciudades-y-estado-verde-en-america-latina/